Si te da vergüenza ponerte delante de una cámara, no te pasa nada raro. Le pasa a casi todo el mundo, y ayudarte con eso es parte de nuestro trabajo.

Casi todas las personas que vienen al estudio entran con un poco de corte. Las únicas que no suelen ser las de cuatro años. Así que si llevas tiempo aplazando unas fotos que te apetecen porque te da vergüenza, esto lo hemos escrito pensando en ti.

De dónde viene

Una cámara te mira fijamente, y eso impone. Es normal ponerse tensa, reírse de nervios o no saber qué hacer con las manos. Por eso cuando alguien te dice «tú relájate y ponte natural», no ayuda nada: nadie se relaja porque se lo pidan.

Lo que sí ayuda es tener a alguien que te vaya guiando, con tiempo y sin prisas.

Cómo lo hacemos en el estudio

La sesión no empieza con fotos. Empieza con una charla, con el estudio para ti. Sin gente mirando, sin prisas y con música de fondo. Si lo prefieres, trae tu playlist de Spotify y ponemos la tuya. La cámara aparece cuando ya nos conocemos un poco.

Te dirigimos todo el rato. No hay ni un momento de «a ver, haz algo». Te decimos dónde mirar, qué hacer con las manos, cómo colocarte y cuándo respirar. Cuando tienes la cabeza ocupada en eso, la vergüenza se queda sin sitio.

Retrato de estudio de un hombre con gafas y barba, sentado y con los brazos apoyados, sobre fondo negro

La ropa, hablada antes. En la charla previa decidimos juntas qué te pones y cómo lo vamos a hacer, para que no haya sorpresas. Da igual que sea un retrato, unas fotos para tu empresa o una sesión boudoir: sabes de antemano lo que va a pasar, y eso ya quita la mitad de los nervios.

Sin público. La sesión es para ti, sin nadie conocido mirando. Lo vemos sesión tras sesión: sin espectadores, la vergüenza se va mucho antes.

Si quieres todo el tiempo y la calma para ti sola, la Experiencia ICONO es individual, con media jornada y la dirección de principio a fin.

Los primeros minutos

Lo vemos en casi todas las sesiones: la vergüenza dura poco, más o menos los primeros diez minutos. Esas primeras fotos son de calentamiento y no cuentan para nada. Luego te das cuenta de que nadie te está examinando, te sueltas, y muchas de las fotos que más os gustan salen en la segunda mitad.

Retrato de estudio de una mujer de pelo rizado con vestido rojo, girada de perfil sobre fondo oscuro

Si la vergüenza es de las grandes

Hay vergüenzas pequeñas y hay otras que vienen de más lejos. Si es tu caso, que sepas que el estudio es un sitio tranquilo, un remanso de paz. Quien viene nos lo dice casi siempre: tiene una energía que relaja nada más entrar. Y aquí nadie tiene prisa.

Si antes de reservar prefieres contarnos lo que te preocupa, escríbenos y lo hablamos con calma.

Preguntas frecuentes

¿Qué pasa en los primeros minutos de una sesión?

Charla, prueba de luz y unas fotos de calentamiento que no cuentan. Sirven para que te acostumbres a la cámara sin presión.

¿Puedo llevar acompañante?

Te recomendamos venir sola. Lo vemos una y otra vez: con alguien conocido mirando cuesta mucho más soltarse, y se nota en las fotos. Sin público, la sesión fluye y tú lo disfrutas más.

¿Tengo que desnudarme en una sesión boudoir?

No. El boudoir va de intimidad, no de ropa: hay sesiones enteras con camisa o jersey. Lo hablamos juntas antes de empezar, y lo máximo a lo que llegamos es un desnudo simulado.

¿Y si me bloqueo a mitad de sesión?

Paramos, bebes agua, ponemos música y seguimos por otro lado. No hay cronómetro. Y ese momento también nos ayuda: nos dice qué postura no va contigo.